Alejandro Lira Landa

 

El Retrato de Dorian Zelensky

El Dorian de Wilde

El Retrato de Dorian Grey, novela escrita por el irlandés Oscar Wilde, se basa en una triada dramática: un retrato; un retratista; y un retratado. La acción se inicia cuando ocurre una transmutación fantástica, en la cual, el retratado conserva por siempre la lozanía y belleza del momento en que fue retratado, mientras que, por el contrario, a través del tiempo, es el propio retrato quien va envejeciendo y como tal sufriendo la erosión de los años.

Es una magnífica alegoría que narra las contradicciones entre la perfección de una imagen, (el retrato), y las imperfecciones del retratado, cuya vida licenciosa e inmoral, amparada por la inmunidad que le brinda la transmutación de saberse permanentemente joven y vital, entra en conflicto con la propia moral del retratista.

Al final, la alegoría concluye en tragedia, el retratado se vale de un cuchillo para asesinar al retratista. Poco después, abrumado por la facilidad con que transcurría su vida, y el peso en su conciencia por el crimen cometido,  decide destruir el retrato con el mismo cuchillo que victimó al retratista.

Al día siguiente encuentran a un hombre mayor, con señales de haber sido víctima de un asesinato con arma blanca, con el rostro desfigurado a cuchillazos.  La víctima yacía al pie de un impactante retrato de un apuesto e impasible hombre joven.

Vasyl Petróvych

El Dorian cuyo nombre encabeza este post no empezó como tal. Más bien, su verdadero nombre es Volodymyr, comediante de oficio, ucraniano, de origen judío, hablante nativo del idioma ruso, muy versátil en su capacidad histriónica y ambicioso como pocos.

Si Dorian Gray tuvo un único retratista, el Dorian Zelensky es más bien una coproducción occidental múltiple, donde han tenido su parte la industria mediática, la cinematográfica, trabajando al alimón con los servicios de inteligencia anglosajones.

Querían replicar en Ucrania, el efecto que tuvo en los EEUU una serie de televisión llamada 24, que rompió todos los récords de audiencia en los primeros años de este siglo. La trama de esta serie resaltaba cómo un afroamericano llega a ser presidente de los EEUU. Fuese casualidad o una cuidadosa manipulación, lo cierto es que la ficción solo precedió a la realidad: En 2008, Barak Obama, fue elegido como el primer presidente afroamericano en la historia de EEUU.

En Ucrania, en 2019, a solo 4 meses antes de las elecciones presidenciales se lanzó una serie de televisión llamada Servidor del Pueblo; donde un modesto y límpido joven, profesor de historia, Vasyl Petróvich, (interpretado por Zelensky), iluminaba con sus discursos, primero a sus alumnos y más tarde, a las comunidades ucranianas, con valores tan bellos como la solidaridad, la honradez, la democracia de verdad, el respeto a los derechos humanos y finalmente a la libertad irrestricta; en una cruzada moral frente a villanos que habían hecho de Ucrania el hogar de la corrupción. El profesor Vasyl, se presentó como candidato y ganó la presidencia de Ucrania arrolladoramente, dando fin a la serie televisiva.

Fue entonces que Volodymyr Zelensky, en 2019, inscribió un partido llamado Servidor del Pueblo, (con el mismo nombre de la serie televisiva), en la campaña no se presentó a ningún debate público; no convocó a ningún mitin; no dio entrevistas a ningún medio de comunicación, salvo una sostenida campaña de spots televisivos con un mensaje muy sencillo: Volodymyr hará en Ucrania, lo mismo que hizo el profesor Vasyl Petróvych en la tele.

Y, en efecto, en Ucrania también la ficción precedió a la realidad. Volodymyr Zelensky, se erigió como presidente de Ucrania con el abrumador 75% de los votos.

Los tres años siguientes, sus retratistas hicieron una labor de filigrana: siempre bien afeitado, bien al terno y corbata, clases intensivas de ucraniano e inglés; y cuando ya tuvo cierta soltura lingüística, le afinaron su inglés con clases de dicción anglosajona, para quitarle el fuerte acento eslavo de su inglés.

Los escenarios

El Dorian de Wilde se situó en los ambientes aristocráticos del Londres a fines del siglo XIX, en pleno ascenso del apogeo del Imperio inglés. El Dorian Zelensky aparece una década después del colapso de la Unión Soviética. Casi todo el mundo creía que la historia se había acabado; todo sería puro capitalismo y del cielo lloverían dólares. No en Ucrania cuya prosperidad estaba en su suelo y subsuelo; el primero había sido bendito por una tierra cuya fertilidad no tenía parangón; y el subsuelo estaba atiborrado de gas, petróleo y minerales. O sea, Ucrania estaba muy bien dotada, al punto que puedo decir que, lo único malo que tenía Ucrania… eran unos cuantos ucranianos, muy mal alumbrados de nacimiento; afirmación que el tiempo y la historia de los hechos consumados, —no la narrativa—, confirmará lo que asevero.

Me explico: De nada valió que el 17 de marzo de 1991, Ucrania y la mayoría de las Repúblicas Socialistas Soviéticas votaran en referéndum a favor de preservar la Unión Soviética. Los jerarcas rusos hicieron caso omiso de este resultado y meses después, tras una borrachera monumental, firmaron la disolución de la URSS.

Los oligarcas

Dicen que cada rincón del mundo tiene su déspota y dicen los narradores rusos que cada tirano tiene su propia forma de ser despótico. Y esto retrata a la perfección a los oligarcas de las antiguas repúblicas soviéticas.

Balzac, el escritor francés, que había navegado como pocos las alturas y bajuras de la sociedad de su tiempo dejó para la posteridad una frase que casi irradia temor al pronunciarla: “Detrás de cada gran fortuna, siempre hay un gran crimen”.

Como en Occidente no hubo revolución bolchevique ni nada que se le pareciera, sus oligarquías son muy añejas y han ido tejiendo, a través de muchas décadas, la maraña de su poder.

Los famosos “oligarcas” de las exrepúblicas soviéticas no heredaron el poder de sus ancestros. Todos eran altos directivos de las empresas estatales soviéticas, petroleras, gasíferas, minas, puertos, transportes, etc. Que tras la disolución de la URSS fueron “privatizadas”. Aquí se juntó el hambre con la necesidad de comer y sobre estos países llegaron como abejas al polen de las flores, “inversionistas” occidentales que querían lavar capital mal habido, asociándose con los exfuncionarios soviéticos que, en menos de dos décadas terminaron siendo dueños de ferrocarriles, minas, bancos, petroleras, gasíferas. Tenían tanta plata que hasta se compraban equipos de futbol de la premier ligue inglesa. Cada oligarca, no solo tenía su seguridad personal, sino que cada cual tenía su propio ejército privado.

Igor Kolomoyskyi

Uno de ellos, Kolomoyskyi, ucraniano de ascendencia judía, un tiburón de los bisnes, dueño de un banco, de una cadena de radio y televisión y de una petrolera, había instalado en su oficina central una pecera enorme con un tiburón vivo coleteando detrás de su escritorio. Para que no queden dudas en aquellos que lo visitaban, que era, él mismo, un auténtico tiburón de mucho cuidado.

Este oligarca apoyó abiertamente a Zelensky; según este último, eran solo “socios” de una productora cinematográfica.

Durante su campaña para la presidencia de Ucrania, en uno de los spots publicitarios Zelensky decía: “Algunos creen que solo seré un títere de Kolomoyskyi; yo les digo: ‘Aún no ha nacido el hombre que me maneje’”. Según creo, es posible que sea lo único cierto que ha dicho y hecho el presidente ucraniano, a quien, dos años después de ser elegido, le empezaron a aparecer sus tapados.

En los famosos Pandora Papers en 2021, se reveló que tenía cuentas en paraísos fiscales y que, en una de ellas, había recibido 42 millones de dólares, del propio Kolomoyskyi. Además de estos dineros, su portafolio de inversiones inmobiliarias alcanzaba millonarias propiedades en Miami, Israel, Italia, Crimea y Londres; hasta por un valor de 39 millones de dólares. También se reveló que, tras su interés en construir nuevas carreteras en Ucrania, se escondía su afán en multiplicar por tres el valor de cada kilómetro construido.

Hasta que, en febrero de 2022, Rusia dio inicio a la Operación Militar Especial en Ucrania; y todos los tapados destapados se volvieron a tapar.

El anhelo fatal

Reza un viejo dicho: “Nunca anheles conseguir lo que puede traerte la ruina”. Pero la arrogancia de Occidente no tiene oídos para estas cosas. Aunque esto es lo que ya les va asomando en el horizonte: Su propia ruina.

Durante más de tres décadas después del colapso de la URSS, Occidente ha venido anhelando adueñarse de Rusia: “Este país es demasiado grande y demasiado rico; hay que balcanizarlo, dividirlo en varios países; así explotar sus recursos será tan fácil como coser y cantar”.

Para EEUU y Europa, Ucrania sería la llave que abriría la puerta de un nuevo mundo sin la ex Unión Soviética. Habían provocado a Rusia promoviendo guerras separatistas en Chechenia y Georgia, de las que Rusia salió airosa. Su última y mayor esperanza era utilizar a Ucrania, hasta que Rusia, —según ellos— cayera en la trampa de invadir este país; cosa que finalmente ocurrió; Rusia Invadió a Ucrania en febrero de 2022 y todo Occidente salió en defensa no solo retórica, sino y fundamentalmente, en armas, inteligencia, dineros y dirección estratégica para Ucrania. Pensaban ellos que los rusos, desgastados por las guerras anteriores, estaban en su peor momento. El propio presidente de EEUU, Biden, aseveró con arrogancia: “Vamos a hacer polvo la economía rusa; nuestra victoria será definitiva e incuestionable”.

Zelensky, Ekeko de personajes

Comenzada la guerra empezó en serio el trabajo de los retratistas de Dorian Zelensky.

Los ejércitos privados de los oligarcas se incorporaron a las fuerzas armadas regulares de Ucrania, pero conservando su independencia bajo la bandera negra del nacionalismo ucraniano, de declarada ideología nazi.

Un equipo de diseñadores de imagen se avocó en perfilar a Volodymyr como un líder militar, pero ajeno a la apariencia castrense.  Su indumentaria tiene dos colores: un atuendo verde olivo, cuando se busca resaltar su ascendencia con el ejército regular; y muda al atuendo negro, para identificarse con los nacionalistas nazis. Digamos, el resultado ha sido un modelo militar sport elegante, camiseta simple y a veces, chaqueta sin charreteras ni quepí.

Volodymyr nunca más ha aparecido afeitado ni con terno y corbata. Lleva una  barba de pocos días muy bien cuidada porque nunca crece. Su apariencia de líder en combate, pero sereno, fue coronada con una magnífica capacidad discursiva en inglés.

No es que Volodymyr haya tenido el don de la ubicuidad, como Dios, pero casi. Por doquiera que fuese, alcanzaba la estatura del héroe local.

Si en el Congreso de EEUU, enardecía a sus miembros hablando como Abraham Lincoln. Emocionaba tanto con su discurso que los representantes estadounidenses se abrían paso a codazos, con tal siquiera de tocarle la espalda; y así quedarse con algo de su aura.

Si en el parlamento inglés, emocionaba igual; era Churchill redivivo.

En Francia, casi de la misma estatura que Napoleón.

Que si una video conferencia con los países sudamericanos, allí a la distancia no estaba otro que el mismo Simón Bolívar, mostrando sus sueños de Libertad.

Yo también aquí, a la distancia en el tiempo y  en el espacio aplaudo estentóreamente, pero no a Zelensky, sino a Stephen Krupin, el mismo que le escribía brillantes discursos a Barak Obama.

Krupin, puso entonces su prosa al servicio de Volodymyr; adalid y encarnación de la lucha mundial por la democracia y la libertad combatientes en el mundo.

El ascenso de Volodymyr

Los rusos, al ver que todo Occidente se les venía encima, dieron marcha atrás en algunas regiones ocupadas a principios de año. Esto fue suficiente para que Volodymyr, a fines del 2022, creciera mediáticamente hasta una talla monumental. Se desató la fiebre de los Ukranian lovers; la bandera ucraniana flameaba en todas las casa de gobierno europeas. Los demócratas del mundo pegaban la banderita ucraniana en sus muros del Facebook, X e Instagram; la enseña también ondeaba en todos los partidos de fútbol; en festivales de la canción y todo lugar donde podía. La democracia nunca tuvo mejor prensa: Un joven adalid ucraniano, Zelensky hacía retroceder a la tiranía del autócrata ruso Putin, maldito dictador infame, cuyos días en el calendario ya estaban contados.

El Estado Mayor de la OTAN planificó una segunda contraofensiva ucraniana a principios del verano de 2023 y Zelensky auguraba que el avance ucraniano solo pararía tras la capitulación de Rusia que se vería obligada a pagar multibillonarias reparaciones por su invasión. Así avanzaba una democracia que luchaba con el apoyo de Occidente.

Lo que no avanzaba era la democracia en la propia Ucrania. Los partidos políticos opositores fueron prohibidos y sus militantes encarcelados; los medios de oposición, clausurados. se suprimió la libertad religiosa: La Iglesia Ortodoxa rusa, (mayoritaria en Ucrania), fue proscrita. Igual, se prohibió la lengua rusa, (mayoritaria también en Ucrania); y se permitió que una entidad legal, Myrotvorets, (“Los Pacificadores”)y adscrita al gobierno ucraniano, elaborara una lista negra de individuos a quienes los declaraba como blancos legítimos que debían ser asesinados. Lo curioso de esta lista negra ucraniana incluía a dos conocidos estadounidenses: Scott Ritter y Jackson Hinkle, opositores a la participación de EEUU en el conflicto ucraniano. Lo curioso es que el mismo gobierno de EEUU, financista y director de la guerra, se hiciera de la vista gorda; poco menos que los gringos daban a los ucranianos, licencia para matar a los propios estadounidenses.

Volodymyr Zelensky llega a su techo

Los anglosajones, seguramente o tienen o han tenido muchas virtudes; pero si hay algo de lo que carecen, es la virtud de la paciencia; no solo Hitler y su famosa Blitzkrieg, (guerra relámpago), sino todas las acciones militares occidentales de las últimas décadas aspiraban a victorias rapidísimas e incuestionables, como la guerra de Iraq, llamada Horror y Espanto, que según ellos obtuvo una victoria resonante en solo un mes. Siempre han tratado de emular al romano Julio César, con su “Veni, vidi, vici”, que según mi modesta opinión ha sido traducida como vine, vi y vencí. Cuando lo que quieren decir, es llegar y ser vistos como vencedores. He escuchado innumerables veces decir a Boris Johnson, (ex primer ministro británico): “Rusia must be seen defeated!”, (Rusia debe ser vista derrotada); también he escuchado al jefe del comando militar de la OTAN, al Mariscal del Aire británico, Sir Stuart Peach, decir a finales del 2021, refiriéndose a la OTAN: “Somos la alianza militar más exitosa de la historia”. Y más recientemente escuché al primer ministro británico actual, Sir Keir Starmer, diciéndole a Trump, en Washington: “ Juntos somos la alianza militar más formidable y poderosa que el mundo ha visto jamás!

Y aquí llega el techo de Volodymyr, a principios del 2024, medio año después de iniciada la gran contraofensiva ucraniana, en el frente de batalla no había forma de mostrar que Rusia estaba siendo derrotada. La contraofensiva fracasó, y como los estrategas occidentales nunca se equivocan, la culpa del fracaso era de los soldados ucranianos, que no seguían estrictamente, las directrices del Estado Mayor de la OTAN.

A partir del 2024 se empezó a hacer evidente que la ficción no había precedido a la realidad. Pero como el carrusel corrupto de dineros que iban desde EEUU y Europa a Ucrania, gratitud que regresaba de manera opaca a los que han medrado en esta guerra, los discursos de Volodymyr fueron cambiando el tono épico de Lincoln, Churchill, Napoleón y Bolívar para inclinarse a requerimientos contables, de mayor apoyo económico y velada recriminación: “Nos está faltando plata, nosotros estamos muriendo por ustedes y tienen que apoquinar más armas y dinero… más armas y dinero… A estas alturas estoy seguro que Stephen Krupin, ya había colgado la pluma discursiva.

Volodymir se descalabra en la Casa Blanca

Este año 2025, cambió el inquilino de la Casa Blanca; Trump había anunciado durante su campaña que acabaría la guerra en Ucrania en 24 horas, invitó a Volodymyr Zelensky a Washington para “alcanzar la paz”; se le advirtió presentarse con un traje decente y no con ningún atuendo casi militar en la Casa Blanca.

Allí se presentó el autentico retrato de Dorian Zelensky sin el verbo retórico del redactor de discursos Krupin; sin teleprompter que leer; y sin la dicción anglosajona pulida de años atrás. Estaba con su atuendo militar negro, con los brazos cruzados sobre el pecho y al ver que Trump y su vicepresidente Vance, lo empezaban a apabullar en inglés, se despachó insultándolos… ¡en ruso!, “malditas perras!, les dijo, y salió por la puerta de atrás.

Desde entonces Occidente no sabe qué hacer con Zelensky; ya no da discursos y todas sus declaraciones son en ucraniano, que luego las traducen al inglés, se pasa el tiempo triangulando viajes a Londres, París y Berlín, donde posa abrazándose con los mandatarios de Inglaterra, Francia y Alemania.

Sigue pidiendo mas armas y más dinero, con muy poca suerte; y anunciando que Ucrania está empatando la guerra con Rusia.

El frente interno

No es fácil descubrir un solo elemento que explique por que hace muy pocas semanas, en la capital de Ucrania, Kiev, se han revelado escándalos mayúsculos que han acabado en detenciones, incautaciones, fugas, renuncias, y hallazgos millonarios en personajes claves de la élite del poder ucraniano.

Ha caído uno de los “cajeros” de Zelensky, otro ha logrado fugar a Israel. Han detenido a un alto funcionario del gobierno que huía en su Mercedes Benz, al registrar el vehículo, la maletera contenía varios millones de dólares en efectivo.

Un ministro de pomposo cargo en el gobierno, antes de ser detenido, fuga de Ucrania y acaba en EEUU en curioso “conversatorio” con el FBI… pero conserva su cargo de ministro a pesar de estar en EEUU; porque tiene el respaldo del presidente ucraniano.

El escándalo obliga a renunciar a Andriy Yermak, un todopoderoso jefe de la oficina del presidente, según muchos el verdadero mandamás ucraniano.

77 miembros del parlamento ucraniano han sido incursos en procesos de corrupción; presuntamente se han apropiado indebidamente de más de 100 millones de dólares.

Creo que, detrás de todos estos escándalos hay una mezcla de hartazgo por parte de funcionarios que después de 4 años de portar la membresía de procuradores anticorrupción están preparando currículos para la Ucrania futura, cualquiera que esta sea.

Pero también están aprovechando que no es solo el frente militar el que se está desmoronando, con poca capacidad militar incluso para defenderse. Lo mismo está pasando en el frente interno; son tantas las muestras de podredumbre que no hay forma de taparlas; mejor dicho, ya no hay forma de reprimir y censurar esta información.

El colapso en las líneas del frente va asomando a la misma velocidad que se debilita lo que antes era un gobierno y ahora no es más que un régimen de bandidos a los que se les viene la noche.

Sin embargo, ninguno de estos escándalos ha afectado directamente a Volodymyr, quien como el Dorian de Wilde es inmune a estas intemperancias de la moral pública.  Además, todos estos escándalos no dejan de ser pecadillos, robos de menor cuantía; y tal vez son una forma de soltar lastre para que, los ladrones de las grandes ligas levante vuelo y salgan libres de polvo y paja.

La corrupción

Nada de esto es anómalo; el Departamento de Estado de EEUU, publicó en 2014 que Ucrania era el país más corrupto de Europa; sin embargo, este foco de corrupción ha sido el magnífico puerto hacia donde han navegado cientos de billones del propio EEUU y también de Europa, aunque en menor cuantía.

Es muy natural que la prensa occidental haya omitido publicar que el El inspector general del departamento de guerra de EEUU ha encontrado un faltante de 42 mil millones de dólares que se ha diseminado en instituciones financieras muy opacas de Estonia y de allí han seguido viaje a los diversos paraísos fiscales de las islas británicas.

Esta inspectoría ya ha identificado a 29 miembros del congreso de EEUU, entre congresistas y senadores quienes han sido receptadores, cada uno, de varios millones de dólares. En la lista también figuran los más altos cargos de la Unión Europea.

Sentados en Tazas de Oro

Dice el dicho que el dinero es como el guano, si está distribuido de forma uniforme se dice que es un gran fertilizante; pero si no está bien repartido, es solamente mierda.

Y aquí es donde mi prosa bordea el tema de las excreciones. He dudado si valerme de la asepsia en el lenguaje o usar la procacidad si con ella voy a expresar sin dudas y con plenitud la magnitud de lo que pretendo narrar; y he optado por esta última.

En el Perú, que es un país corrupto, de aquellas personas que son obscenamente ricas, se dice: “Están que se cagan en plata”.

En Ucrania, que es hoy en día, el país más corrupto del mundo; de los corruptos; digo, de los obscenamente ricos, se puede decir con total precisión y justeza: “Se han estado cagando en oro”, a tenor de lo incautado en los cuartos de baño de las casas de los corruptos: los inodoros, las tazas de baño estaban hechas, literalmente de oro macizo.

El Títere y el Titiritero

Quienes son críticos de la narrativa occidental sobre la guerra de Ucrania y el papel de Zelensky, tienden a quitarle méritos a este último. Es común escuchar que hagan referencia a su supuesta adicción a la cocaína; y que es, meramente un payaso, dado su anterior oficio de comediante. Lo van mejorando algo quienes se refieren a él como ‘un actor’.

Uno, particularmente, cree que Volodymyr es mucho más que todo eso.

Solo el tiempo nos revelará si al igual que en la triada dramática de Wilde, el Dorian Zelensky se valdrá de arma blanca o armas muy negras, para acuchillar a sus retratistas; o si éstos, —al contrario de la ficción—, y para evitar males mayores terminen por asesinar a su propia creación.

En cuanto a que simplemente es un títere, enfáticamente creo que no. Durante su campaña electoral a la presidencia de Ucrania, en el ya citado spot televisivo, afirmaba que aún no había nacido el hombre que lo manejara.

Hace más de tres años que su antiguo promotor y socio Kolomoyskyi está en prisión acusado de corrupción; y Zelensky no ha movido un solo dedo para librarlo de la cárcel.

Si es un títere, en todo caso es uno que ha cobrado vida propia. Washington no puede con él; y los mandatarios europeos han terminado siendo auténticas marionetas en las manos de Volodymyr Zelensky.

Lo que es seguro es que toda la narrativa ya está acabando en una tragedia colosal: millón y medio de muertos en el frente, cientos de miles de mutilados y un país destrozado al servicio de una ficción que ya no puede sostenerse más.

Este p9st fue publicado el 23 de diciembre de 2025

Ilustración: AIda Copilota