Alejandro Lira Landa
Cien años de estupidez

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Los cien años de García Márquez
En mi juventud, en los 80s, en Madrid, le pregunté a Don Fernando Lázaro Carreter, miembro de la Real Academia de la Lengua, sobre Cien años de Soledad y García Márquez. Creo recordar que me dijo algo así: “Es probable que García Márquez no haya sido consciente de la erudición literaria que tenía; pero ha escrito una de las obras más bellas de la literatura española contemporánea.”.
A mi juicio, uno de los que mejor entendió y analizó los Cien Años de Soledad de García Márquez, —irónicamente— fue quien luego se convertiría en su antagonista más célebre y con quien mantendría una sorda y mutua animadversión, cuya causa y razón nunca fue ventilada y que llevaron herméticamente consigo hasta sus tumbas.
Me refiero pues, al peruano Mario Vargas Llosa, quien en 1971 se graduó como Doctor en Filología Románica, por la Universidad Complutense de Madrid. Su tesis doctoral estuvo enfocada en la novela de García Márquez; y aunque tuvo un título distinto, fue publicada como ensayo, con un título más intenso y revelador: “Historia de un Deicidio”.
Según la visión vargasllosiana, el autor, (García Márquez), se rebela contra el mundo, que es una creación de Dios; y construye su propio mundo, (Macondo) en base a sus múltiples experiencias de la vida real; pero rompe con los límites de la realidad; y las ensoñaciones más fantásticas cobran vida con absoluta naturalidad. No es propiamente otro mundo sino la concreción fantástica de la realidad.
Este artificio, sumado a un dominio lingüístico y metafórico es lo que se ha dado en llamar “Realismo Mágico”. La impresión que produce en el lector es un disfrute estético y azoramiento especial. O sea, es una completa obra de arte.
El Chaco, tierras raras y acuerdos más raros aún
En 1930 corría el rumor que entre la frontera de Bolivia con Paraguay había ingentes reservas de petróleo; incluso dos empresas anglosajonas estaban listas para explorar. La ambición acució el odio y ambos países se enfrascaron en una sangrienta guerra; Bolivia perdió territorio y 60 mil hombres; Paraguay ganó la guerra al costo de 30 mil hombres; pero ironías del destino, petróleo, lo que se dice petróleo para hacerse ricos, a pesar de un sinnúmero de perforaciones, nunca brotó de la tierra del Chaco.
Las Tierras Raras
Conociendo la ambición y las desmedidas ansias de los conquistadores para alcanzar el brillo esplendoroso de la riqueza, uno piensa que los pueblos nativos con una maliciosa, pero justiciera perversidad, les infundieron el cuento de El Dorado a los occidentales. Que era el reino de la opulencia sin límites y que, quedaba un poco más allá, sí, por ahí, pero más adentro. Y la historia está llena de expedicionarios que al final de sus viajes, solo encontraron más de lo mismo, cuando no la dorada aurora de la muerte.
Con el auge de la tecnología y la masificación exponencial de todo tipo de dispositivos electrónicos, han cobrado ahora gran importancia las Tierras Raras, superando en valor estratégico y geopolítico incluso al oro y al petróleo; y así, tenemos una cadena de nuevos Dorados de Tierras Raras; dicen que las hay en el extremo austral de Argentina; que también las hay otra vez en Bolivia; y hasta los ucranianos, el año pasado se las ingeniaron para hacerles creer a los gringos, que aparte de corrupción a raudales, también abundaban las Tierras Raras en Ucrania.
Acuerdos Raros
Lo demás fue lo de menos, se empezó a preparar un acuerdo entre EEUU y Ucrania, en virtud del cual, se concedía a los primeros los derechos de explotación; y a los segundos, garantías de seguridad y fondos para “La Reconstrucción de Ucrania”. Este acuerdo debía ser ratificado por el parlamento ucraniano; pero aquí surgió un problema; el acuerdo contenía un párrafo secreto, ante el cual los dignos parlamentarios se resistieron a firmar en primera instancia; pero en una segunda instancia, al percatarse de que la no firma del acuerdo acarrearía la anulación de sus visas para viajar a EEUU, cualquier reticencia a no ratificar el convenio fue dejada de lado.
Este acuerdo se firmó el 30 de abril del año pasado; y el párrafo secreto, fue un secreto a voces: La vigencia del acuerdo era por cien años.
Tres meses antes, Ucrania ya había firmado un acuerdo similar con Reino Unido, en virtud del cual, se le otorgaban a Ucrania un firme compromiso de defensa y ayuda militar y económica, a cambio los británicos tendrían acceso a las Tierras Raras de Ucrania. El Acuerdo, como era natural, tendría una vigencia de solo Cien Años.
No vaya a creer el lector que Ucrania estaba vendiendo una misma cosa a dos compradores distintos. No. Allí no acaba la cosa, vino un tercer comprador. Este 10 de setiembre pasado, Ucrania firmó un nuevo acuerdo similar con Canadá; la vigencia del acuerdo, la misma de los dos anteriores: Cien Años.
Ucrania y el futuro
Ucrania, de ser una de las repúblicas más prósperas de la Unión Soviética, al día de hoy, es un estado totalmente fallido. Las regiones más ricas, se adhirieron vía referéndum, a la Federación Rusa, en 2022.
Hoy Ucrania está como Bolivia y Paraguay, no tiene salida al mar. Millones de sus habitantes hicieron la guerra con los pies y se marcharon; habrá un millón de muertos en combate y otro tanto de mutilados. El estado ya no tiene plata para cubrir la planilla estatal, este mes no se pagarán a los jubilados, ese dinero será destinado al gasto militar. Faltan hombres para el frente, entonces están a punto de echar mano de las mujeres; día tras día los rusos están destruyendo metódica y sistemáticamente todo lo que los comunistas rusos en 69 años levantaron en Ucrania: locomotoras, vías férreas, puertos, almacenes gigantescos, el sistema de calefacción colectiva, centrales eléctricas, líneas de transmisión, aeropuertos, fábricas metalúrgicas.
Cuando Rusia termine la guerra que llama Operación Militar Especial, la Ucrania soviética habrá desaparecido; y el régimen surgido del golpe de estado en 2014, muy al contrario de lo que el vicepresidente gringo, Joe Biden, les anunció y auguró en 2014, en el propio parlamento ucraniano, que El Futuro los estaba esperando”.
Craso error, lo que quede de Ucrania se encontrará en el pasado, más precisamente, a finales del siglo IXX; sin luz; y a pan y agua.
Los cien años de Occidente
Hace más de cien años, el filósofo alemán Oswald Spengler escribió La Decadencia de Occidente; sus críticos se apuraron en denigrarlo; pero visto está que no estaba equivocado. Según Spengler, —al menos como lo entiendo yo— cuando las sociedades dejan de crear Cultura, envejecen; y se convierten en Civilizaciones, son pura costumbre, entrando en decrepitud y decadencia; y empiezan a vivir del pasado. O sea, se suben a un carrusel del tiempo donde el pasado, el presente y el futuro se suceden indistintamente uno detrás del otro sucesivamente.
¿Qué tienen en común El Trump, jefe del Cártel de Washington, alias “presidente de EEUU”, el efímero primer ministro británico Keir Starmer; y el primer ministro canadiense Mark Carney?
Son anglosajones, o sea, occidentales. Pertenecen a la Civilización Occidental, aquella hace —según Spengler—, ya 100 años decadente.
Son herederos de un pasado imperial, supuestamente glorioso, pero rotundamente decadente.
¿Y que cosa puede ser el futuro para individuos con estas taras histórico-genéticas sino la continuación del pasado?
¿y el presente? Nada. Un titular, un periódico de hoy día, que confirma lo que fuimos, somos y seremos; y nada más.
¡Vengan pues entonces, lapiceros y papeles, papeluchos y papelorios, que aquí firmamos lo que nos da la gana y por el tiempo que sin duda merecemos!
Volviendo a la Historia de un Deicidio de Vargas Llosa sobre los Cien años de Soledad. Muy al contrario de García Márquez, los tres anglosajones no se rebelan contra Dios, están satisfechos con su mundo; y como si hubieran hecho una gran cosa suscriben Acuerdos fantásticos por Cien años sin tener consciencia siquiera del ominoso futuro que podría cernirse sobre ellos mismos; y mucho peor sobre el otro suscriptor. Ninguno de los considerandos de dichos acuerdos tiene asiento ni en la realidad ni en el reino de la posible factibilidad de los hechos históricos.
El realismo mágico, en el arte y en literatura es toda una belleza.
El realismo fantástico en geopolítica es una soberana estupidez,
cuyo destino, sin lugar a dudas,
ya tiene un sitio,
En el maloliente basurero de la historia.
Este post fue publicado el 25 de setiembre de 2026
Ilustración: AIda Copilota