Sin caretas: El Cártel de Washington

Alejandro Lira Landa

 

Sin caretas: El Cártel de Washington

Su insignia, un díptico

El sueño americano, el sueño de la casa propia, automóvil nuevo; buenas vacaciones; un sueldo digno proveniente de una jornada de trabajo que no sea embrutecedora; amar y ser amado o amada; en fin, una vida digna de ser vivida no es necesariamente un sueño americano; más bien son aspiraciones transversales a todas las culturas y pueblos.

Ahora bien, saliendo de labios anglosajones y sumado al mantra de la tal Civilización Occidental y sus valores; eso ya es otra cosa. Tal civilización y tales valores nunca fueron mejor definidos que por el insigne Mahatma Gandhi: “mm…, ¿civilización occidental…? mm…, sí, sería una buena idea”. Un comentario lapidario sentenciando que tal cosa, no tiene asiento en la realidad.

Lo que sí está muy bien asentado es su insignia señera; un díptico que anuncian y proclaman; todo lo que son; todo lo que hacen y pueden hacer, y todo lo que tienen es:

Lo más grande y poderoso del mundo; y,

lo que jamás se ha visto antes en la historia.

Hay que reconocer, en su beneficio, que esta tara de grandilocuencia no les es propia; digo, de los EEUU. Les viene de atrás; habiendo sido colonia de Inglaterra, se liberaron del yugo imperial; pero se quedaron con la retórica pomposa del viejo imperio.

Durante décadas, las élites estadounidenses han sobrellevado el complejo de no tener “clase”, más propiamente, abolengo real.

En las primeras décadas del siglo XX, los gringos acumularon riquezas, encontraron abundantes vetas de oro en el oeste; algunos se hicieron muy ricos y se afanaban en gastar dinero tan obscenamente que fue fácil para F. Scott Fitzgerald retratarlos tan crudamente en su magistral novela The Great Gatsby, (1925).  En esos tiempos era común entre las élites estadounidenses matrimoniar a sus vástagos con miembros menores de la nobleza británica. Éstos últimos, venidos a menos en recursos, pero ricos en pedigrí; y los otros, gringos ordinarios y patanes, pero con mucha plata.

El cruce más notable entre peculio y linaje fue nada menos que el británico Winston Churchill, hijo de un Lord inglés y de una socialité estadounidense.

Durante décadas, los anglosajones de uno y otro lado del Atlántico aludían a la Relación Especial, (Special relationship), que había entre el Reino Unido y los EEUU. Los británicos, les decían “Nosotros tenemos The brains ,(la inteligencia), y ustedes The muscles, (la fuerza bruta); con ese cuento los ingleses empujaron a los estadounidenses a participar en la primera y segunda guerra mundiales.

Transcurrido ya el primer cuarto del presente siglo, se puede decir, sin lugar a dudas y con honrosas excepciones, que a ambos lados del Atlántico la Inteligentsia  ha desaparecido y lo único que abunda es la fuerza; y en los EEUU en particular, más bruta que fuerza.

La Academia, los Medios y el Statu Quo

No es fácil percibir el descenso institucional, moral, político, intelectual, económico, tecnológico; y hasta en el habla pública de los EEUU; y descubrir que al Imperio se le han caído las vestiduras y lo que tenemos al frente no es sino una vulgar entidad gansteril del Crimen Altamente Organizado; o sea, un puto Cártel delictivo; el Cártel de Washington cuyo jefe no es otro que “El Trump”.

Eso sí, —y muy a tono con su díptico filosófico—:

El Cártel más grande y poderoso del mundo; y; el más delictivo y criminal jamás visto en la historia.

Llegar a esta trágica conclusión implica haber sorteado los filtros, los corsés y anteojeras que imponen las universidades condenando al ostracismo a quienes empiezan a ver y manifestar las vergüenzas del sistema. Implica haber escapado del coro mediático, cuya cacofonía da lo mismo oírla o verla en Nueva Delhi, San Francisco, Doha, Madrid, Londres, Lima o Washington.

Y, en último término, no haber vendido el alma y el intelecto en la difusa red de oportunidades que ofrece el Statu Quo aquí o allá, medrando y flotando en esa miasma de instalados, que los propios críticos estadounidenses llaman The Blob, una baba que corre y corroe corrompiendo todas las instituciones que tienen directa o indirectamente conexión con el funcionamiento del estado.

El Imperio y el Perception Management

EEUU había estado 20 años construyendo la democracia en Afganistán, al mismo tiempo que permitía el incremento de la producción ilegal de amapola en ese país para la producción de heroína.

Para imponer el orden democrático, sus héroes; digo, sus soldados no se andaban con remilgos y practicaban asesinatos en masa en bodas, fiestas regionales y funerales.  Cada cierto tiempo presentaban al presidente de EEUU la kill-list; una relación de nombres de temibles terroristas talibanes, quienes bajo la firma presidencial, eran ejecutados sin juicio previo ni derecho a defensa alguna, vía remota por mortíferos drones.

Era principios de verano del 2021 cuando el presidente afgano Ghani, muy preocupado le dijo a Biden, en Washington: “Los talibanes me están pisando los talones…” A lo cual Biden respondió: “Nosotros nunca te vamos a abandonar. No te preocupes, todo es un asunto de Perception Management; tienes que usar a los medios de modo que influyan en la gente sobre lo que mal perciben de la realidad”.

Dos meses después, sería que los talibanes no miraban los medios o que los talibanes ya le estaban respirando en la nuca, el presidente afgano Ghani, se lo pensó mejor y antes que me abandonen los gringos, me abandono yo mismo. Se agenció un avión hércules, metió allí su limusina y una cantidad no precisada de baúles que reventaban en millones de dólares y, en semejante avión alzó vuelo abandonando la joven democracia para alcanzar muy bien forrado la libertad en un dorado exilio; y así concluyeron los 20 años de sangrienta intervención  militar estadounidense en Afganistán.

Ideología de las cosas Vs ideología de las ideas

Hace ya un cuarto de siglo que EEUU y Occidente en general, han abandonado la política entendida como ideología de las cosas: El respeto al prójimo; la salud pública; la educación pública; el derecho a vivir en paz; la obligatoriedad de practicar la contención y la diplomacia. En suma, el derecho a vivir en una sociedad civilizada.

En su lugar, se han abocado en promover la ideología de las ideas: Libertad, democracia, elecciones; un mundo libre basado en normas, que nunca se sabe a plenitud cuáles son ni quién las ha impuesto, ni cuando han sido establecidas, ni la longitud de su vigencia; o sea, tan libres que no se constriñen en cuestiones factuales sino en vaguedades extremas susceptibles de cambiar según el momento.

Como la promoción de tan bellas ideas no trae de por sí el bienestar de las cosas en la realidad de la vida; y como las ideas nunca se equivocan, entonces encuentran culpables y responsabilizan de las horrendas circunstancias que impiden el bienestar, no en ideas inadecuadas y obsoletas, sino en seres de carne y hueso: los inmigrantes, los comunistas, los socialistas, los caviares, los rusos, los venezolanos, los serranos, los palestinos, los musulmanes; es decir, un vasto colectivo: los otros; y una sola filosofía: el guerracivilismo.

Estados funcionales Vs sociedades fallidas

La ideología de las ideas, por sí misma, no resuelve los problemas centrales de la sociedad contemporánea occidental. A nivel continental, desde Alaska hasta la Patagonia, hay 33 estados, cada cual con su ejército; su parlamento; y soberanía nominal. Como cada cual tiene la posibilidad de cobrar tributos, se consideran estados funcionales; funcionan porque se les puede sacar plata vía préstamos en deuda externa. O sea, si no se les puede esquilmar, son estados fallidos, (como Somalia, Yemen, Siria, Venezuela, Haití).

Una sociedad cuyo estado sea sujeto de crédito, no necesariamente es una sociedad funcional; por el contrario, en la mayoría de los estados del continente, lo que tenemos son sociedades fallidas.

Por mucha democracia, elecciones, parlamentos y decenas de miles de policías y miles de fiscales y jueces que haya, seguimos siendo sociedades fallidas, por más que hagamos que un horroroso número de personas estén en la cárcel, (El Salvador) o que la bella Libertad se convierta en un meme que “avanza”, no se sabe muy bien si por la pampa argentina; o lo mismo avanza rauda hacia el cielo o al precipicio del Default,  (ser declarada estado insolvente), a pesar de todo esto, no pasamos de ser estados pagadores de deuda, ya se trate del propio EEUU o Bolivia.

El Cártel gansteril como descenso institucional

Curiosamente las sociedades fallidas “luchan” contra el “crimen organizado”, la inseguridad ciudadana, la diversa criminalidad y las altas tasas de homicidios. Y curiosamente, también, esta “lucha” es infructuosa; y la ausencia de victorias en este frente siempre se atribuyen a diversos factores; carencia de efectivos policiales, lenidad judicial; pero nunca hay un enfoque estructural de fallos en la sociedad misma. Como estos fallos subsisten la entidad social va perdiendo cohesión; las fronteras entre lo legal y lo ilegal se van diluyendo; la criminalidad, como toda actividad humana tiende a especializarse; y qué mejor academia para este aprendizaje que copiar los usos y costumbres de las élites dominantes de la sociedad.

Ha sido un tránsito sutil, no solo de abajo hacia arriba; ha sido un aprendizaje mutuo. Las élites también se han especializado y abandonando los frenos jurídicos, la contención moral; el honor y la virtud públicas, o sea, haciendo a un lado las finezas del Statecraft, (El arte de gobernar); se han entregado de lleno a los Modus Operandis del bajo mundo, donde todo se compra y todo se vende y ésta es mi calle o te mueves o te cae un pepazo.

Es tan cierto esto que, para hacer un análisis sobre cualquier coyuntura política, nacional o internacional, este análisis siempre estará incompleto si además de sociólogos, economistas; de militares, de expertos en geopolítica, no se cuente también con la participación de expertos en psiquiatría forense y criminalística.

Diferencias entre cárteles

Aunque hay diferencias notables entre los cárteles de Sinaloa, de Jalisco y de Medellín, con sus respectivos jefes, El Chapo, El Mencho, y El patrón, (Pablo Escobar); y El Cártel de Washington y su jefe El Trump. Los primeros tienen una demarcación regional como México y Colombia, y el último tiene extensión internacional. Pero la diferencia más importante es que mientras los primeros ofrecen protección y trabajo en las zonas bajo su control; el de Washington, en vez de protección en sus zonas de influencia, se dedica al saqueo, el pillaje y la destrucción por donde va; un Caballo de Atila, donde nunca volvió a crecer la yerba por donde cabalgó.

Otra diferencia importantísima es que mientras los primeros se iniciaron y continúan ejerciendo su autoridad e influencia en base a la coerción, el Cártel de Washington, en sus orígenes, antes de su total corrupción, ejercía su influencia en base a la persuasión y la diplomacia.

No es casual que la carta fundacional de las Naciones Unidas se firmara en San Francisco, EEUU, en 1945; y que la propia sede central de la ONU, se encuentre en Nueva York. Tanto la carta fundacional, así como la Declaración Universal de los Derechos humanos, son las edificaciones más altas del pensamiento humano civilizado. Y por ello, no es casual que el Cártel de Washington que funge con el alias: “Gobierno de los EEUU”, se haya distanciado de este foro internacional, abandonando sus obligaciones; quitando la visa a diplomáticos y negando su participación y presupuesto a la UNESCO, (educación),  a la OMS y de los Derechos Humanos.

Cartelistas prominentes

Es curioso notar los alias de los diferentes matones de El Trump; un tal Marco Rubio (a) “Secretario de Estado” quien declara que le importa un carajo lo que diga la ONU; un tal Stephen Miller, (a) “asesor político” y su frase mágica: “solo nos importa el poder y la fuerza” y el tal Scott Bessent, ‘El Caja’ de El Trump cuyo alias no podría ser otro que: “Secretario del Tesoro”, y cuya gracia auto confesada es: “Quebrar países e imponerles bloqueos y sanciones para someterlos a nuestra voluntad y quedarnos con sus recursos”.

Coincidencias religiosas

Dios es grande y en su infinita misericordia no ha abandonado ni a los cárteles latinos ni al cártel gringo. A los mexicanos les ha dotado de una divinidad en forma de mujer, llamada La Santa Muerte, una especie de virgen en las sombras, que los protege a ellos y a sus familias y a sus acciones. Es una divinidad, digamos casi ciega porque nunca juzga la moral y los únicos castigos que sentencia son las traiciones y el incumplimiento de pactos.

La religiosidad del Cártel de Washington, muy por el contrario y muy a tono con su díptico filosófico de grandezas, es también la más grande y apocalíptica mezcolanza de religiones jamás vista en la historia; una entidad enormemente compleja donde se funden el  puritanismo de los primeros colonos; el credo evangélico; el judaísmo sionista; el cristianismo sionista; el mito del Gran Israel, El Armagedón y la Segunda Venida del Cristo Redentor; aquí es donde los cartelistas mesiánicos y apocalípticos no se ponen de acuerdo; para algunos, su jefe El Trump es un instrumento divino del Altísimo, mientras que para otros, aunque un poco cachetón y grandazo, es nada menos que el mismo Mesías en persona trayendo el Armagedón.

Mientras se ponen de acuerdo, El Trump tiene un lugarteniente, Pete Hegseth, un sicario que él mismo se ha puesto el alias de “Secretario de Guerra”. Éste, antes de lanzar su ofensiva contra Irán se mandó este Salmo: “Dios, tú que guías nuestras manos y dedos, haz que cada disparo nuestro dé en el blanco… porque nosotros somos los justos y virtuosos…”.

Uno de los primeros blancos en Irán fue la escuela primaria de niñas de Minab, donde en dos oleadas sucesivas de bombardeos, —en un intervalo de 10 minutos—, fueron asesinadas 169 niñas.

Quiero imaginar que algún día, en algún banquillo de los acusados, en alguna lejana Corte Penal Internacional, este infame asesino mafioso del Cártel de Washington sea encontrado culpable de Crímenes de Guerra y condenado a la Horca, —como en Nuremberg—, y que, poco antes que la cuerda constreñida a su cuello le prive de sus últimos suspiros; o sea antes del fin de su ahorcamiento, el último grito que le salga de su garganta sea: “Dios las mató, yo no”.

Advertencia

Uno ha llegado a cierta edad para comprender y aceptar que ciertos hechos y circunstancias de la vida no son, ni van a ser lo que uno hubiera querido que fuesen.

Sé, por ejemplo, que el bien no siempre vence al mal; es más, casi nunca ocurre; quisiera creer y tener fe de que El Karma verdaderamente existe; pero he visto a tanto malhechor público salirse con la suya, que me alejo de tal creencia justiciera.

No obstante, a través de los años he ido siguiendo y recopilando diversos testimonios de estadounidenses que a la par de una gran lucidez y honradez intelectual, tienen una probada preocupación por el futuro de su país; de modo que lo que aquí expongo, la transformación de un gobierno de origen “democrático” en una sanguinaria entidad criminal, no solo es la mala voluntad y mal pensamiento que desde hace años albergo contra el Imperio, sino también la visión de, —quizás, sus ciudadanos más notables—, algunos de los cuales, a  continuación presento:

Jeffrey Sachs “El gobierno de EEUU es una organización gansteril; incapaz de poder alcanzar acuerdos diplomáticos con ningún país, porque su único argumento es la coerción; EEUU no tiene gobierno; y su Congreso es una entidad vacía de funciones y, ominosamente puesta al servicio de sus donantes, el estado de Israel”.

Douglas Macgregor “El congreso de EEUU es una organización de partido único, Republicanos y Demócratas son una sola entidad, todos están al servicio de Israel. Esto solo tendrá visos de arreglo si la crisis económica crea las condiciones para una revolución que transforme todo”.

Max Blumental, “Los EEUU se están derrumbando, mientras tanto la gavilla de tecno oligarcas y las mafias de la familia de Trump están amasando ingentes fortunas; y aglutinando a todos está el estado sionista de Israel”.

Finalmente, quiero citar aquí a Larry C. Johnson de quien escuché una frase que nunca esperé oír de un americano, por su lapidaria honestidad: “Yo me avergüenzo de ser estadounidense”.

Distinción central

Aparte de las diferencias entre los cárteles latinos y el cártel gringo citadas anteriormente, hay una diferencia mayúscula, una distinción central cualitativa y cuantitativa por partida doble; Los cárteles latinos no tienen arsenal nuclear, mientras que el cártel gringo tiene la capacidad de producir un holocausto nuclear capaz de extinguir a la especie humana.

El otro aspecto de esta distinción central entre los cárteles latinos y el cártel gringo es que mientras los primeros se reconocen como bandidos y malhechores que viven y pululan al margen de la ley, los rufianes del Cártel de Washington se creen buenos justos y virtuosos. Mientras escribo estas líneas el sicario Pete Hegseth, citado anteriormente, ha convocado a los medios en Washington para anunciar un pedido que hace a la Academia Sueca para que todos los años se entregue el Premio Nobel de la paz a las Fuerzas Armadas de EEUU.

La peor maldad

Toda la tradición mística occidental, desde la Edad Media, con místicos como Tomás de Aquino, San Agustín, Santa Teresa de Avila, San Juan de la Cruz, pasando por Blaise Pascal hasta el ruso Dostoievski han apuntado una y otra vez que “No hay maldad más atroz y maligna que aquella que proviene de donde se espera la bondad”; es decir no hay peor mal que el cometido por quien cree estar haciendo el bien.

Gringo bueno, gringo malo

Provengo de una generación donde la mayoría de nuestros padres era admiradora de los EEUU y su cultura. Los habían visto aliados con los ingleses vencer a la Alemania nazi; —al menos esto fue lo que les dijo Hollywood—, (*1); y aunque habían visto a John Wayne y sus coboyadas matando indios pieles rojas, también habían visto la diatriba contra la injusticia protagonizada por Charles Chaplin en el “Gran Dictador”. La guerra de Corea fue un acontecimiento muy remoto que escasamente tuvo difusión en América Latina.

Lo que sí tuvo una gran difusión y muy encomiable fue una campaña de lo que uno llama la ideología de las cosas. El presidente Kennedy lanzó en 1961 una campaña llamada Alianza para el Progreso, que en vez de lanzar bombas contra la población civil se dedicaron a entregar desayunos y alimentos en todas las escuelas públicas y en las comunidades más pobres del continente; los gringos no pasaban raudos por el cielo vomitando muerte y destrucción, sino que se pusieron a tiro de piedra, de a pie, ayudando a construir obras comunitarias, ellos mismos junto a la población local. Eran una legión de gringos buenos que se enrolaron en El Cuerpo de Paz para predicar el evangelio, no en sermones sino en acciones.

De esta generación de gringos buenos proviene por ejemplo Oliver Stone, el mismo, un combatiente en Vietnam y luego director cinematográfico, cuya obra ha dejado testimonio invalorable sobre lo que fue su país. Aparte de sus grandes películas como Platoon (1986), JFK (1991), Wall Street (1987), ente otras; y sus magníficos documentales: La historia no contada de EEUU, (2012) y Ucrania en llamas (2016).

Esta campaña de gringo bueno tuvo un gran impulso mientras Kennedy estuvo vivo. Para las enormes fuerzas oscuras del estado de EEUU, (el Deep State), esta política kennedyense fue demasiado, era poco menos que puro comunismo gringo; y un viernes negro, un luctuoso 22 de noviembre de 1963 John F. Fitzerald Kennedy fue vilmente asesinado mientras circulaba en un automóvil descubierto, en Dallas, Texas, marcando sin duda, un hito en el descenso moral de los EEUU.

Les viene de atrás

Ha empezado a cobrar relevancia ahora, en 2026, que es con El Trump cuando ha aparecido el gringo malo. Un patán que amenaza con enviar a una civilización entera, —la iraní—, a la edad de piedra; un orate que dice que el petróleo venezolano es suyo; y que, una vez que haya vaporizado a Irán se apropiará de su petróleo. Y que la única manera que cualquier mandatario extranjero quede bien con él es vía prodigándole intensos ósculos en su esfínter anal. Y que, si no es Dios, pues se le parece mucho y que se ha visto como Papa y que también se ve como el propio Jesucristo.

El Trump no es ninguna desviación del historial americano; parece que esta tara donde se funden arrogancia, demencia, prepotencia e ignorancia está muy imbricada en el ADN de las élites gringas. En 1951 el general Douglas MacArthur, incapaz de vencer a los norcoreanos, intentó vaporizarlos, empleando para ello bombas atómicas contra Corea y China. El presidente Truman se lo impidió temiendo una represalia contra EEUU por parte de la Unión Soviética.

También deberían revisar este historial los mandatarios latinoamericanos que se creen “aliados” de EEUU. El muy sobrio, formal y educado Franklin D. Roosevelt para referirse a ellos, se tomaba la licencia de llamarlos como unos reverendos hijos de puta, pero eran “sus propios hijos de puta”.

Y en el plano de las lealtades y la fijación anal, El Trump no es el único adicto al anilingus; deberían revisar nada menos que a Lyndon B. Johnson, quien pedía las mismas lindas muestras de cariño y lealtad que Trump pide, pero que además lo hicieran en público y luego de un buen relamido le dijeran que su esfínter sabía a rosas.

Ahora eso de que el petróleo venezolano e iraní son gringos, no es nada nuevo basta recordar la declaración de principios religiosos en estos asuntos; de James G. Watt, (1981), secretario de Ronald Regan, quien afirmaba que “Dios había dotado a los EEUU de ingentes recursos, (petróleo, oro, cobre, etc.) y que los había depositado en distintos países del mundo, para que EEUU vaya allí, y los recoja, porque por derecho divino eran suyos”.

Tampoco es El Trump el único en esa pulsión de pulverizar naciones de modo que regresen a la Edad de Piedra. George W. Bush, días antes de la invasión y destrucción de Irak, (2003), al ver que Pakistán no estaba muy animado a cederle su territorio para atacar a su vecino Irak, Bush le dijo a Musharraf, (presidente de Pakistán), que se dejara de vainas o de lo contrario Pakistán también iba a quedarse piedra sobre piedra. Bush algo más humilde que El Trump si bien es cierto que no se creía Dios, tenía gran llegada con Él, digamos que tenía contacto directo, tal era su comunicación con el Altísimo, que les aseguró con total seriedad a varios líderes árabes, que ordenó la guerra de Irak, porque Dios mismo se lo había pedido.

Muerto Kennedy los gringos dividieron al mundo en dos mundos; uno “libre”, él de ellos y sus vasallos; y el otro, un mundo oscuro y malo, el de los comunistas. Y la guerra fría se volvió virulenta en todos los frentes, incluso en la casa de quien esto escribe. Mi padre, en los 60s, como funcionario de la fiscalía, tuvo una beca para estudiar el sistema judicial de los EEUU. Era admirador de los Kennedy, un entusiasta defensor del estado de derecho, del debido proceso, de la democracia, de la presunción de inocencia, etc. Yo, una década después estudié el último año de secundaria en los EEUU, (Senior High School) y vi cosas que mi padre no vio: el servicio militar obligatorio para ir a la guerra de Vietnam, el inmisericorde bombardeo con Napalm contra la población civil vietnamita, (como ahora en Gaza) y el largo camino que les quedaba a las minorías raciales de EEUU para alcanzar la plenitud de sus derechos civiles.

Me acordé de mi padre en mayo del 2011 cuando pudiendo tomarlo preso a Osama bin Laden, lo abatieron en vivo y en directo para que lejos del operativo (realizado en Pakistán), en Washington, en una gran pantalla, Hillary Clinton, (entonces Secretaria de Estado de Obama) celebrara azorada y con un estridente grito ¡Guau! el momento delasesinato del saudí, como si EEUU hubiera metido el gol definitorio del campeonato mundial de fútbol.

Así hubiese sido, Osama, el más perverso e inimaginable malhechor. No fue encontrado en un escenario de flagrancia; ni hubo presunción de inocencia ni proceso debido alguno, estando desarmado lo abatieron porque “pensaron” que podría resistirse.

De haberlo juzgado y de haberse probado la colosal malignidad como se le ha atribuido, los EEUU habrían alcanzado una incuestionable victoria política de gran altura moral.

Antecedentes penales

Al final de cuentas y, especialmente al final de los cuentos que deja la narrativa mediática pública o personal, uno no siempre es, lo que dice ser; uno es lo que hace, lo que hizo, en suma, lo que ha hecho y cómo lo ha hecho.

Y lo que vale para el sujeto individual, también vale para los sujetos colectivos, sean estos, comunidades o naciones. Y del mismo modo en que los análisis individuales del ADN ancestral terminan vinculando a un individuo con un vasto árbol genealógico poblado por miles de individuos a través del tiempo con los cuales se comparte parentesco de cualidades comunes, llamadas fenotipo. Entonces, también es posible rastrear el fenotipo del Cártel de Washington en su pasado y descubrirlo como una mutación del fenotipoGobierno de los EEUU”. Solo se trata de seguirle la pista a través de la historia, pero no solo de aquella basada en “Documentos oficiales” sino más precisamente en el análisis forense de la historia; al convertir la historia en una escena del crimen; al quitarles la etiqueta de “hechos históricos” y verlos como lo que son: “actos criminales”; siguiendo este método, el Cártel de Washington y sus ancestros, quedan retratados a plenitud.

Solo hay que aplicarles lo que en criminalística se llama la Evidencia Acumulativa haciendo caso omiso a lo que dicen que son, y lo que dicen que hacen; y, por el contrario, concentrándose en lo que hacen y lo que han hecho. Para ello hay que independizar nuestra percepción sobre la realidad; o sea seguir el camino inverso al que Biden le proponía al afgano Ghani; (ver subtítulo anterior sobre perception Management); es decir, dejar de usar los medios de comunicación como fuentes de nuestra percepción; cosa que ya está ocurriendo. Curiosamente, los grandes medios de comunicación mundial escritos, radiales y televisivos ya no son grandes en audiencia, ésta está disminuyendo a tal punto que las audiencias juveniles las ignoran por completo.

Riesgo y letalidad

A menudo se establece la peligrosidad de una determinada región o país en base al número de homicidios en determinado lapso de tiempo. Afortunadamente ya existe documentación que prueba el número de fallecidos, no solamente por las bajas militares y civiles causadas por las guerras tanto promovidas como protagonizadas directamente por los EEUU y sus vasallos, (La Unión Europea), que se cuentan por millones cuya magnitud evito precisar aquí por no caer en la danza de millones de muertos “de uno y otro lado” que suele producir la propaganda occidental.

Me refiero a otro indicador que mide la letalidad de las sanciones impuestas por Occidente contra aquellos países que no se sometieron a los abusos dictados por los EEUU.

El informe Lancet: Muertes por sanciones

Es un documento revelador y aterrador en sus conclusiones; que no han sido elaboradas por el partido comunista cubano, ni por la vocería del Kremlin en Rusia, ni por la agencia iraní de noticias, o de Corea del Norte, O siria. Nada de eso. Este informe que puede muy bien ser considerado como documento incuestionable de historia forense. Fue producido por la muy prestigiosa revista británica The Lancet – Global Health (*2) publicado el 25 de agosto del 2025.  Este estudio nos relata lo que han hecho los ancestros del Cártel de Washington desde 1971 hasta la fecha. Los gringos, quienes justificaban sus sanciones como medidas incruentas, preferibles a las acciones bélicas para conseguir doblegar la voluntad de sus antagonistas. Estas guerras descafeinadas han tenido y tienen un efecto horroroso: Han matado, —muy a tono con su díptico filosófico—, el número más grande de víctimas jamás visto en la historia: 37 millones de seres humanos.

Ahí está lo que realmente son y lo que realmente han hecho.

Han tenido cómplices, por cierto. tanto en la matanza como en el ocultamiento; pero ya están expuestos…por más que anden todos muy bien trajeados, muy al terno y corbata, cada traje valorizado en miles de dólares… Todo este impecable disfraz no les exime de lo que verdaderamente son: unos auténticos salvajes.

Signos de colapso

La Unión Soviética, digamos lo que es ahora La Federación Rusa, se vino abajo en solo 6 años, desde que Gorbachov llegó a la Secretaría General del PCUS en 1985 hasta la disolución de la URSS con Yeltsin en 1991, pero unos años antes de esos turbulentos tiempos ya podían verse claras señales que el “Socialismo realmente existente” no daba para más. Los miembros del partido comunista soviético habían envejecido, todos eran mayores de 70 años, eran una auténtica gerontocracia. El vínculo entre los dirigentes y las masas se había sustituido por medallas que llevaban en sus chaquetas. Se habían burocratizado y usufructuaban beneficios que nunca llegaban a las masas.

Gorbachov fue una luz de esperanza para romper esa rigidez funcional y administrativa. Esa luz se llamó Perestroika; se iba a reformar el partido y para ello iba a ayudar la Glasnost; o sea, la transparencia, para que las cosas se vean como eran y no como decía el partido.

El ejército soviético tuvo que abandonar Afganistán antes de una derrota visible y vergonzosa en 1989; y en la Unión Soviética era patético de observar la epidemia de alcoholismo que azotaba la URSS. El partido subvencionaba el Vodka; y el vodka nublaba la vida de cientos de miles de sus habitantes que renqueantes se arrastraban por las calles, parecían cuadros vivos de las narraciones de los grandes escritores del realismo ruso.

Fue fácil para Occidente embriagar al ruso Yeltsin para que haga a un lado las reformas y abrazara de lleno el capitalismo; así, a la vuelta de la esquina la prosperidad los aguardaba.

Algunos meses después, Yeltsin de visita en la casa blanca, se fue de copas por su cuenta en Washington, y muy de madrugada y completamente ebrio no encontraba la tal esquina donde apearse. Un taxista pudiendo dejarlo en el basurero de la historia, lo dejo al pie de las rejas de la casa blanca.

Paralelos en la historia

En la humilde opinión de quien esto escribe y con la manía plutarquiana que uno tiene de encontrar paralelos en la historia, uno no puede evitar las semejanzas entre lo ocurrido en la URSS décadas atrás y lo que ocurre actualmente en los EEUU.

No es difícil comparar a Obama con Gorbachov. Obama a su vez era una luz de esperanza; en sí mismo era la culminación de la larga lucha por los derechos civiles de Martin Luther King. Obama ofreció crear una “Comisión de la Verdad” para aclarar la larga lista de asuntos oscuros en la historia de su país. Nada de esto se cumplió.

Hasta hace un par de años, el Congreso de los EEUU era considerado el ancianato más grande y caro del país, sus miembros promediaban los 78 años. Y el vínculo entre los congresistas y las masas no eran medallas sino la pura propaganda en todos los medios de comunicación posibles. Y como redundan en señalar muchos críticos estadounidenses, todos los congresistas están al servicio de sus donantes, mayormente el estado de Israel que les financia sus campañas electorales; en suma, no están al servicio de sus electores.

Los gringos nunca tuvieron necesidad de andarse con transparencias ni Glasnost de ninguna clase porque ellos decían que tenían “Libertad de Prensa”, pero lo que no hizo la voluntad política, lo hizo por su cuenta la tecnología; digo la irrupción de las redes sociales en Internet, rompiendo el cerco informativo de los grandes medios de comunicación, dando margen a oleadas de información alternativa donde es posible ver lo que el Estado quiere ocultar.

Al igual que los rusos en 1989, en 2021 Los EEUU tuvieron que abandonar derrotados Afganistán. Y, de facto, hoy en día, los EEUU están siendo expulsados del Golfo Pérsico por Irán.

El fentanilo

Para nadie es un secreto que los EEUU viven una epidemia de adicción al Fentanilo. Así como en la Rusia soviética, se dio el alcoholismo endémico, en los EEUU ocurre con el fentanilo. Se estiman en 300,000 los afectados por este opioide. Es común verlos deambular languidecientes por las calles, con los brazos caídos y la cerviz inclinada como si estuvieran buscando algo en el suelo, que es un síntoma característico de la adicción, llamado Fentanil bend, (*3)

Otras adicciones

El rusoYeltsin era adicto al alcohol y sus asistentes lo sacaban, prácticamente en vilo de las conferencias de prensa, temían que, estando tan borracho se desplomara frente a los medios.

El Trump no es aficionado al alcohol, es adicto compulsivo a salir en los titulares de los medios de comunicación; se crece con la adulación que alimenta su narcisismo. Sus lugartenientes han tomado la decisión de sacarlo de los gabinetes de crisis porque el hombre falsea, se agita y entra en grave desesperación, pidiendo cosas que ni los militares quieren hacer; por ejemplo, lanzar bombas atómicas contra Irán.

Hace horas, mientras escribo estas líneas, no se sabe si es El Trump mismo o sus aduladores quienes han mandado retratar la imagen de El Trump como   el Cristo Crucificado, con corona de espinas y todo; también han mandado hacer una estatua de él, de 5 metros de altura, bañada en oro; la estatua esta lista, tiene hasta nombre: “Don Coloso”: solo les falta encontrar un lugar apropiado para ubicarla. Han ordenado una nueva edición conmemorativa de pasaportes estadounidenses con su imagen en el documento; en fin, la idea no es que “Sea recordado” en un futuro imprecisable sino “Que se vea él mismo, ¡ahora!”. Todo lo cual me evita mayor comentario sobre el estado mental del jefe del Cártel de Washington, y de quienes le rodean; dentro de poco va a necesitar de un taxista para que lo deje, —igual que a Yeltsin—, al pie de las rejas de su Casa, —La Blanca—, o directamente en el mismo basurero de la historia.

El obituario

No sería difícil de creer entonces lo que dice Max Blumental, (citado anteriormente) que EEUU se está derrumbando en vivo y en directo y que solo debido a la inercia de la percepción pública, alimentada por el inmenso poderío que aún tienen los grandes medios de comunicación, no seamos capaces de leer el obituario de los EEUU, pero que, de estar escrito, está ya, hasta firmado.

El fentanilo mediático

El vínculo entre las masas y los líderes es algo que han estudiado con gran brillo, Sigmund Freud, Max Weber y otros autores más contemporáneos; todos apuntaban a una idea central: Liderar es pertenecer; la autoridad de un líder emana, precisamente, de la pertenencia al grupo.

Bueno, eso es ciencias políticas; y lo que ahora hay no es ni ciencia ni política.

El liderazgo y la psicología de las masas, se ha sustituido por el uso de la Mass Media, (medios masivos de comunicación) que no es lo mismo; por el contrario, es la ausencia de vínculo real entre el líder y la masa. El vínculo mediático es un enlace pasivo de naturaleza ficcional; o sea es un puro cuento, más cercano a la estafa que a la narrativa. Por lo menos en la obra literaria o el cine, el lector o el espectador es consciente de que se embarca en una fantasía que al llegar a la última página o última escena, se regresa de vuelta a la realidad.

El Perception Management de Biden funcionaba bien cuando se tenía el monopolio de los medios de comunicación y cuando la realidad estaba a una distancia de seguridad del que manipula los medios en su beneficio. Pero no cuando la realidad te está respirando en la nuca, como en el caso del afgano Ghani.

O sea, por mucho control que se tenga sobre cómo percibe la gente la realidad, lo que no se puede cambiar es la realidad misma.

La Providencia

Ha ocurrido algo providencial y justiciero, en el camino de generar narrativas (cuentos) para estafar a la gente, en un recodo de ese viaje, el estafador ha acabado creyéndose su propio cuento. Y como la realidad prometida no aparece, se necesitan nuevas dosis de narrativa para mantener viva la estafa.

Los EEUU y sus vasallos occidentales se han dedicado a manipular la percepción social, tanto de la realidad cotidiana local como la realidad global; pero no han tenido finalmente el éxito esperado. Todos los días anuncian sendas victorias en todos los frentes; y al día siguiente los derrotados antagonistas siguen estando incólumes en su sitio.

Entonces, los estafadores, con los mismos instrumentos, (los medios), y con los mismos contenidos que usan para estafar a otros, se han creado una realidad paralela, pero de naturaleza virtual, ficticia. Y ya viven en ella; han creado un vínculo esquizoide con la narrativa; un Fentanilo Mediático que los impulsa a arrastrarse todos los días, tras cada micrófono o cámara donde poder perorar y tomar su dosis de victorias diarias.

Las Naciones Unidas y el Sepulcro de Don Quijote

Guardo un enorme respeto y simpatía por el Profesor Jeffrey Sachs, estadounidense y de origen judío. Él, como pocos, ha sido testigo de primera mano de los grandes eventos que han sacudido la escena mundial contemporánea; debe ser uno de los pocos que ha llevado la academia al mundo y, a su vez, ha llevado el mundo a la academia. Su talento personal le ha permitido relacionarse con una infinidad de personalidades, de Sud America, de Europa, Asia, Medio Oriente, China y las dos Rusias, la soviética y la actual. Su conocimiento entre bastidores de la historia contemporánea y la sapiencia casi inagotable de la historia del pasado, lo hace imprescindible para cualquier interesado en seguir el devenir del mundo.

Ha sido, sucesivamente el asesor histórico de los tres últimos Secretarios Generales de las Naciones Unidas.

He hecho todo este preámbulo para traer a colación una idea que Jeffrey Sachs ha enunciado unas cuantas veces recientemente, cuya implicancia resulta difícil de ignorar: “500 años de hegemonía Occidental están llegando a su fin”.

Es una idea poderosa y cargada de simbolismo y que también refleja los tiempos en que vivimos. Tiempos estelares porque anuncian la emergencia de un mundo nuevo desconocido aún; y también la presencia de los tiempos opacos que trae aparejado la muerte de una vieja estrella, (Occidente), que, al perder combustible para brillar, vuelca toda su fuerza gravitatoria hacia dentro, destruyéndose y destruyendo de paso todo lo que le rodea, hasta convertirse en un agujero negro. Siguiendo esta metáfora, no hay duda, que se ciernen oscuros nubarrones sobre el futuro de la humanidad por la cercanía de un holocausto nuclear provocado por una cultura incapaz de aceptar su declive.

Cervantes

Miguel de Cervantes escribió el Quijote en el siglo XVII, en una época (Edad Moderna) donde se habían acabado las historias caballerescas y el idealismo humanista. Ironías de la vida, Cervantes, escribiendo al pasado, (a una lectoría propia de la Edad Media), alcanzó desde entonces al futuro.

Unamuno

Miguel de Unamuno escribió en 1905 un ensayo titulado El Sepulcro de Don Quijote; un lugar imaginario adonde en respetuosa romería asistían todos aquellos que estaban hartos de la inutilidad de la vida prosaica; y del transcurrir cotidiano de un día gris tras otro igual, sin que nada cambie para darle a la existencia un alto sentido de humanismo.

Viendo en retrospectiva el Acta Fundacional de las Naciones Unidas, allá por 1945 y viendo la importancia que ha dejado de tener la ONU desde entonces; no resulta descaminado creer que la institución es actualmente una bella Quijotada. Un cúmulo de buenas intenciones para dotar al mundo de un lugar digno de vivir civilizadamente.

La imaginación

Creo que hoy, más que nunca, son necesarias las Naciones Unidas que, al igual que El Sepulcro de Don Quijote, estoy seguro, que buena parte de la humanidad asistiría respetuosa para devolverle su lugar en el presente y futuro del mundo.

Quiero imaginar que esas Naciones Unidas ya no tienen su sede en Nueva York, probablemente estén ubicadas en un respetable lugar del África o Asia; quiero imaginar que los EEUU de ahora, han sido expulsados de esta entidad y que no tendrán cabida mientras no renuncien a ejercer la guerra y la violencia como único instrumento para resolver las diferencias.

Quiero imaginar que el estado de Israel ha sido irremisiblemente expulsado de este Foro Mundial.

Y finalmente, quiero creer que, si no damos libertad a nuestra imaginación, nunca podremos transformarla en realidad.

 

Este post fue publicado el 8 de nayo de 2026

Ilustración:Aida Copilota

 (*1)  La Alemania nazi se rindió ante el ejército de la Unión Soviética en Berlín, el 9 de mayo de 1945. Eso nunca los mostró Hollywood.

(*2)  El estudio publicado en agosto de 2025 en la revista médica The Lancet Global Health estima que las sanciones unilaterales impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea causan aproximadamente 564,258 muertes cada año.

(*3) Fentanil Bend